Eduardo Romero Hicks estuvo diez años al frente del Sistema de Urgencias del estado de Guanajuato (SUEG), tiempo que, según opinan los políticos, no le alcanzó para adquirir las nociones básicas de administración pública.
A más de seis meses de haber entrado en función, el alcalde de la capital del estado, el menor de la dinastía Romero Hicks, ha dado mucho de qué hablar.
Ahí están, por ejemplo, sus célebres frases. La más comentada, su respuesta al cuestionársele cuándo se resolvería la situación del cuerpo de bomberos. “Pues un mago te lo podrá decir…, si quieres fecha pregúntale a un adivino”, contestó.
A sugerencia del regidor y convencidos de que la respuesta estaba con un especialista en las artes ocultas, acudimos con una, Karla Candelas, quien luego de ver sus cartas, concluyó que Eduardo sería recordado como un funcionario sin trascendencia.
“Va a gobernar de manera decidida, pero no va a figurar. Se promoverá la frase de justicia y equidad; sin embargo, solamente para él y la gente de clase alta habrá beneficios, no así para la clase media y baja. Yo te diría que en Guanajuato no se ve progreso.
“Él va a viajar mucho, tanto para asuntos personales como de gobierno”- en menos de seis meses de gestión, el alcalde ha viajado en tres ocasiones, dos a Ecuador y una a Estados Unidos en calidad de médico-.
En la lectura apareció también la carta del Colgado. “Romero Hicks se ahorca con muchas palabras y debe cuidarlas. Hablar es estrangularse y las palabras le van a generar muchos enemigos”.
También se conocen sus ya recurrentes rabietas. Desde hace más de 30 años en el jardín principal de la ciudad, en conocido restaurante, la clase política y la élite guanajuatense celebran anualmente un desayuno por el día de la Virgen de los Dolores.
Este año, alguien le sugirió al alcalde que lo omitiera y en su lugar organizara una verbena popular; la última palabra la tendría el gobernador. Como en años atrás, Juan Manuel Oliva Ramírez realizaría el famoso desayuno en el interior y no en el exterior del lugar, respetando así una antigua costumbre.
Sin embargo, el alcalde panista no se quedaría con las manos cruzadas y a la sombra de la festividad. Por eso, una noche previa al desayuno, acudió a la nueva residencia de Oliva Ramírez. El regidor no entró por la puerta principal y en un gesto audaz se brincó la barda trasera y llegó hasta la cocina, ahí lanzó reclamos al gobernador y argumentó que el desayuno opacaría su celebración.
Oliva no dio un paso atrás y en el accidentado encuentro acordaron que acudirían a ambos festejos y no se harían pronunciamientos públicos. No obstante, Romero Hicks no respetó el pacto y ante la mirada de asombro de Oliva, el regidor agradeció su asistencia.
Además no le permitió al gobernador hacer entrega de los reconocimientos que en tal fecha entrega el ayuntamiento a guanajuatenses distinguidos y tampoco le cedió la voz para pronunciar el acostumbrado mensaje. Más tarde, Romero Hicks diría que lo hizo porque el evento era de él y no del mandatario estatal.
El alcalde continúo con su descortesía política y no acompañó a Oliva a realizar el acostumbrado recorrido por los altares a la Dolorosa y las minas de la localidad. En cambio, sí lo hicieron los opositores Arnulfo Vázquez Nieto y Francisco Arroyo Vieyra del PRI.
Por otro lado, en los pasillos del Palacio Municipal es común escuchar lo que el munícipe presume, que el PAN le debe estar agradecido, pues gracias a él llegó el partido a la capital.
Algunos panistas han externado que Eduardo Romero se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para Oliva y para Acción Nacional. “¿Qué hacer con él?”, han llegado a preguntarse.
Publicado: Abril 2007 / Año 2 / No. 24
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